La emoción de competir

Hace poco me estaba acordando de viejos tiempos, en los cuales he competido, de esa emoción que se siente, de cómo la adrenalina fluye a tope y hasta los nervios que se sienten antes. Con todo ese cúmulo de emociones, se genera una sensación especial al competir, como una especie de adicción.

Los nervios previos

No creo que haya algún deportista que antes de una competencia no sienta nervios, pienso que todos en menor o mayor grado, están nerviosos, porque, ¿qué pasará?, ¿cómo me sentiré?, ¿entrené lo suficiente?, ¿aguantaré el paso que impongan?, ¿le ganaré a mi rival?, ¿terminaré la prueba? y una larga lista de preguntas que uno se hace.

Como muchos saben, mis inicios en el deporte de manera más seria, fueron en la natación. En dicho deporte participé en muchas competencias, desde locales y estatales hasta nacionales. No llegué más allá por no dar los tiempos mínimos para ir a Centroamericanos u otras competencias más importantes.

En las competencias nacionales de Federación como se conocen a las competencias más importantes del país, siempre se tienen 2 pruebas por día para la misma prueba, categoría y género. Por la mañana compiten todos los que hayan dado el tiempo tope (si no se tiene siquiera el mínimo nivel, no se es aceptado), y por la tarde en las finales, nadan los 8 mejores nadadores del país  para pelear por las medallas.

Una sola vez en mi vida, pasé a las finales en un Nacional de Federación. Fue en el CAAAN (Centro de Actividades Acuáticas de Alto Nivel), ya nada más de competir ahí, se siente mucha emoción por lo bien que está esa alberca de 50 mts y fosa de clavados techadas con todo y tribunas, donde a uno no lo dejan pasar con tenis al área de la alberca, nada más con sandalias (bueno, a los jueces sí); cuenta con un tablero electrónico donde aparecen los tiempos y el lugar obtenido una vez que se toca la placa electrónica al terminar la prueba. Este complejo acuático, fue una vez reconocido como el mejor de Latinoamérica y donde entrenaban clavadistas como Jesús Mena y Mari Jose Alcalá en su fosa de clavados.

Retomando lo que comentaba de la única vez que pasé a las finales, fue en el 200 mts dorso; cuando yo entrenaba natación, el estilo de dorso fue en el que más destaqué, en especial en la prueba de los 200 mts. En cuanto el entrenador (Juan Carlos Águila, el Banano o Banam ahora) me comentó que había pasado a las finales, me puse de inicio contento porque significaba que era de los 8 mejores nadadores en esa prueba. ¡Ah qué bien se siente esa sensación! y eso que pasé en octavo lugar, jajaja.

Sin embargo, después de la comida, conforme se acercaba la tarde y el momento en que nadaría la prueba más importante de mi vida (literalmente eso fue), me comencé a poner muy nervioso, por la importancia del evento, por los rivales contra los que nadaría, respetadísimos y algunos, candidatos para ir a las Olimpiadas como Ricardo ‘El Chango’ Gómez, nadador poderosísimo de dorso a nivel nacional.

Pasaban las pruebas iniciales antes de la mía y cada vez me sentía más nervioso, ya cuando nos llamaron para prepararnos, estábamos ahí sentados juntos los 8 mejores dorsistas del país en nuestra categoría, faltaban todavía 2 pruebas para la nuestra y yo era un manojo de nervios, hasta calentura me dio según recuerdo y me comenzó a temblar la quijada. ¡Y todo por una pruebita de poco más de 2 minutos!; naturalmente, yo sonreía y apretaba la quijada para no darles a mis rivales el gusto de verme mal.

Al llamarnos para ahora si nadar la prueba, teníamos que caminar por el frente de la alberca a lo largo, iba yo todo nervioso, con calentura y temblando. Afortunadamente para mi, en las pruebas de dorso, el Juez de Salida, después de nuestra presentación, nos da la indicación de que podemos meternos a la alberca porque la salida es desde dentro del agua. Uno se echa un pequeño clavado y nada unos cuantos segundos de regreso al banco de salida. Cuando yo entré a esa agua fría en esa alberca de unos 2 metros de profundidad, sirvió como una catarsis para mi, porque se borró la sensación de nervios que tenía y al nadar de regreso hacia el banco de salida, me relajé bastante y nada más quedó la emoción de nadar la prueba. Al final, quedé 7o lugar nacional, le gané a uno más. Con todo esto, quedé muy contento aunque no estuve cerca siquiera de las medallas, pero me rocé con la crema y nata del 200 mts dorso a nivel nacional de esos años.

La adrenalina

Esta es otra sensación un tanto rara que se siente al competir, no sé si es desatada por los nervios que ya mencioné en el punto anterior, o por la concentración en pensar nada más en ganar, pero por el cuerpo fluye una importante cantidad de adrenalina que hace que uno no sienta dolor ante diversas situaciones en las cuales, de manera normal uno pararía de inmediato o de menos, tendría mucho cuidado.

Esto lo veía yo de manera muy curiosa al iniciar los triatlones en diversos lugares como la presa de Juriquilla o la de Valle de Bravo, donde para entrar al agua y llegar a la línea de arranque del triatlón, tenía uno que pisar ciertas piedras y pequeños escollos que nos hacían ir con sumo cuidado porque se sentía un dolor en las plantas de los pies. Ahí íbamos como gatos espinados todos, algunos hasta tropezándose por no querer pisar una piedra, otros resbalándose, etcétera. Pienso que nos veíamos un tanto graciosos ahí todos entrando con cuidado.

Sin embargo, una vez que sonaba el balazo o sirena de arranque del triatlón, ya todo era concentración, en nadar más rápido, ver cómo voy ubicado con respecto de mis rivales, ¿a los pies de quién “me pego” para que “abra el agua”?, etcétera, ya todo es seriedad y lucha con una adrenalina al tope. Esta adrenalina, hacía que al momento de llegar nuevamente al punto de partida para salir e ir por nuestras bicicletas, al pasar por las mismas piedras que nos hicieron sufrir al inicio, ni las sentíamos, nada más teníamos que correr lo más rápido para iniciar la fase de ciclismo, pasaba uno como si nada, curioso ¿no?

En 1995, se hizo el campeonato del mundo de triatlón en Cancún, Quintana Roo, y me tocó verlo por televisión. En dicho triatlón, en la parte de ciclismo, un triatleta australiano de clase mundial llamado Brad Beven, se cayó de la bicicleta por una situación fortuita, debido a esa caída, él perdió valiosos segundos. Se levantó, revisó su bicicleta y como todo estaba bien, se volvió a subir y voló tratando de recuperar terreno.

Fue tanto su esfuerzo sobre todo en la parte de la carrera, que al final, quedó en segundo lugar mundial. Lo más destacado de todo esto, es que en el momento de su caída, él se quebró una de sus clavículas y así, con la clavícula rota, terminó la parte de ciclismo y corrió toda la parte de carrera.

¿Cómo fue que lo logró? Simplemente la adrenalina, estoy seguro que fue esta, la que inhibió tanto el dolor, que le permitió terminar su competencia tan bien, que obtuvo ese excelente segundo lugar.

El poder contra el poder

Así como lo puse en “Coyoteando” al enemigo, este punto es yo creo que lo más importante de una competencia. No hay nada parecido a medirse contra otro u otros inviduos, luchar en un despliegue de poder en su más pura expresión, como lo dice el título de este punto: El poder contra el poder.

En definitiva, este punto tiene una gran atracción y en especial cuando resulta que nuestro poder es mayor al de nuestro(s) rival(es). Siempre que se participa en una competencia contra otras personas, tendemos a hacer un esfuerzo mucho mayor que el que estamos acostumbrados. Nada más por esa emoción de medirnos contra esas otras personas, de ponernos al tú por tú con ese otro individuo.

En el aspecto deportivo, esto adquiere una elegancia especial al momento de ser un simple humano contra otro humano. Esto no tiene qué ver con trampas, con usar armas para acabar con el enemigo, o incluso una competencia automotor como lo es el motociclismo y las carreras de autos donde se tiene el complemento de una máquina; en este tipo de cuestiones, el que tenga el mejor equipamiento tenderá a tener una ventaja. Sin embargo, mi punto es que es muy sublime la lucha del humano contra el humano, mis músculos contra los tuyos, mi fuerza contra la tuya, mi espíritu contra el tuyo, ¿quién es mejor?

En los Juegos Olímpicos de la antigüedad en Grecia, en los cuales, nada más participaban como competidores y espectadores hombres, se tenía una pequeña lista de los deportes para competir. En estos, se demuestra lo que comento en el párrafo anterior, era el esfuerzo entre individuos para saber quién era el mejor:

Carrera a pie. Se tenían de diversas distancias y velocidades, era como lo que hacemos hoy en día, pero sin las marcas patrocinadoras, sin la tecnología en la ropa y calzado:

Salto Largo. Como en la actualidad, se trataba de correr y saltar lo más lejos posible.

Lanzamiento de disco. Se lanzaba un disco tratando de hacerlo lo más lejos posible, también muy similar al actual deporte.

Lanzamiento de javalina. Al parecer surgió por las lanzas que usaban para luchar, y consiste en lanzar la javalina o lanza lo más lejos posible, semejando bastante lo que se hace hoy día en las competencias atléticas.

Lucha. Prácticamente se mantiene igual a la lucha grecorromana de la actualidad. Se trata de la habilidad, inteligencia y fuerza para dominar al oponente sin golpes.

Pancracio. Es el antecesor del box o tal vez el box thai o las artes marciales mixtas. Básicamente era golpear al oponente hasta hacerlo rendir, había dos reglas básicas: no morder y no dañar o echar objetos a los ojos. El vencedor ganaba cuando el oponente no se podía parar, o que levantara el dedo índice de su mano o que el juez detuviera la pelea.

Pentatlón. Consistía en una competencia que se realizaba en un sólo día, la cual comprendía cinco de los deportes oficiales: Una carrera corta y rápida, Salto Largo, Lanzamiento de disco, Lanzamiento de javalina y Lucha.

Adicional a estos, hay referencias también de que había competencias de caballos, pero no encontré muchos datos al respecto; casi siempre, se centra todo en estos deportes que acabo de mencionar.

¿Cuál era el premio? Una pequeña rama de olivo alrededor de la cabeza, listones, podía ser una efigie de Nike la Diosa de la Victoria y lo más valioso e intangible: el Honor y la Gloria. Así de sublime era todo eso, no había riqueza ni nada por el estilo, sólo el honor y la gloria de ser el mejor; el más rápido, el más alto, el más fuerte (Citius, Altius, Fortius).

Ganar, lo mejor de lo mejor

Para los que les gustaría saber qué se siente ganar, les comento este punto del post. Dentro del ámbito deportivo y de competencia, no hay nada que se le compare. Uno puede acabar “muerto” o desfalleciendo, pero no importa, no se siente, no se percibe, sólo ese sabor dulce de la victoria.

En el caso de carreras a pie, o triatlones o carreras en bicicleta, es super emocionante el ir hasta adelante con la clásica patrulla que nos va a acompañando abriendo el paso con la sirena a todo volumen. Tal parece que ese factor influye de manera sicológica en uno queriendo hacer más esfuerzo todavía, y más al ver cómo las personas lo voltean a ver a uno aplaudiendo o exclamando expresiones de ánimo. Todo esto es grandioso, sublime, emocionante.

Una sola vez, en uno de los triatlones en que tuve la fortuna de quedar en primer lugar, me tocó que unos jóvenes adolescentes, se acercaron y me pidieron mi autógrafo después de ver la competencia. Este tipo de muestras de admiración se quedan con uno para siempre, y le llenan a uno el orgullo a tal nivel que no se siente y ni cuesta el haber hecho un esfuerzo a veces demasiado alto para lograrlo. Toda esa sangre usada, sudor y lágrimas derramadas en el entrenamiento y la competencia, se ven recompensados con creces por estas situaciones:

¡Nada es igual a ganar!, así que entrenen duro y compitan fuerte.

No gané, pero…

Ya vimos el mejor de los escenarios, en el cual, hemos ganado… pero, ¿qué pasa si no ganamos la competencia? o peor aún, quedamos en un lugar tan malo que hasta nos toque el famoso bolillo (En México en diversas carreras callejeras a pie, le dan un pan llamado bolillo a la persona que queda en último lugar).

La verdad, no tienen de qué preocuparse; su familia los apoyará, estimará y admirará de igual manera. Aquí es importante señalar que la familia es muy importante también en estos temas deportivos, no olviden invitarlos a su competencia. Conozco a un buen amigo que siempre le gusta correr una carrera que se realiza el Día del Padre. Por alguna extraña razón, su familia nunca lo acompaña aunque tiene hijos; al menos en mi sentir como alguna vez se lo expresé, se me hace un poco triste eso.

Muy bien, ahora: ¿qué irán a decir de mi las personas?, ¿qué va a pasar si me ven conocidos y voy casi hasta el final o peor, al final?, conociendo a esos “cuates”, me van a hacer mucha burla por verme medio gordo y con ropa deportiva, ¿y si quedo en último lugar?, ¿y si no aguanto toda la competencia y en vez de correr tengo que caminar?.

Estas y muchas más preguntas nos hacen pensar en mejor no competir, mejor me espero a cuando pese menos kilos, mejor espero a que tenga mejor condición, etcétera. Pienso que una respuesta a este dilema, puede estar en una cita que puso John C. Maxwell en uno de sus libros:

No es el crítico que comenta, ni el hombre que señala cómo cayó el hombre fuerte.

El crédito pertenece al hombre que está en el cuadrilátero; aquel cuyo rostro está bañado por el polvo, el sudor y la sangre; que se esfuerza con valentía; que falla y se queda corto una y otra vez; que conoce el gran entusiasmo, la gran devoción, y que se desgasta por una causa digna; quien, cuando mucho, conoce al final el triunfo de un gran logro y que, en el peor de los casos si fracasa, al menos lo hace atreviéndose, de modo que su lugar nunca se encontrará entre aquellas almas tibias y tímidas que no conocen la victoria ni la derrota.

Alguna vez, que acompañé en la bici a un buen cuate Ángel Arteaga, corredor de abolengo en Querétaro durante una competencia para darle agua, al final, después que él quedó en primer lugar, me quedé viendo la llegada de los corredores desde un punto algo alejado a la meta. Así, me tocó ver al último lugar de la carrera, era una señora que más que correr iba casi caminando. Al verla pasar un señor que estaba parado junto a mi con prominente vientre y su vaso de fruta en la mano, opinó:

– Yo no sé para que se meten en estas competencias, nada más dan lástima.

Me volteé y lo ví, me levanté y le respondí que con todo y ese paso que traía la señora, al final, ella estaba haciendo algo y se estaba esforzando por algo a lo cual, él ni siquiera alcanzaría a aspirar y que él por supuesto, no lo estaba haciendo. El señor nada más bajó la mirada y se fue.

Así que no tengan miedo de intentarlo, no miren a los lados ni atrás, simplemente vean al frente y hagan su mejor esfuerzo. No teman ni se dobleguen por cuestiones como la edad, el peso, el género, o lo que sea; simplemente realicen su mejor esfuerzo. Al final, están o estarán haciendo algo más que la persona común y corriente. Tampoco olviden lo que me pasó en ¿Abandonar? ¡Jamás!.

Conclusiones

Entrenar para mantener una buena condición física, está muy bien y es suficiente para sentirnos bien. Sin embargo, les recomiendo mucho el que prueben al menos una vez, el participar en alguna competencia del deporte que practican, y dén todo de sí en dicha competencia; como se dice en el argot deportivo, “muéranse en la raya”. Como vimos en el anterior punto, no se preocupen por lo que digan los demás o el lugar en el que queden, al final, estarán haciendo un noble esfuerzo y muy probablemente por encima de muchas personas de almas tibias que no conocen el triunfo ni la derrota.

Si la información de este post te ha sido de utilidad o quieres que agregue algo más, deja por favor un comentario, contestaré a la brevedad.

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