Con el viento en contra

En esta ocasión, pongo aquí una pequeña reflexión basada en un hecho muy pesado que viví, en un entrenamiento de ciclismo con vistas a un triatlón hace muchos kilos…. digo años.

El entrenamiento

Ese día, iba a pedalear 70 kilómetros en compañía de uno de mis cuates de entrenamiento de ciclismo: El Nene. La verdad, no recuerdo su nombre, pues todos lo conocíamos por ese sobrenombre de cariño, y vaya que era de cariño, porque él era más grande de edad que yo, pero era simplemente, El Nene.

Me gustaba entrenar en la bicicleta con algunos chavos como El Nene, porque eran bien entrones para los “trancazos”, como le decíamos al hecho de esforzarse mucho en el entrenamiento, y ellos al ser ciclistas solamente, tenían una mayor condición ciclista, y por eso, me ofrecían un reto bastante interesante y agradable al momento de entrenar para el triatlón.

La ida

Total que salimos del final de los arcos, ya cerca de Hércules en Querétaro, para tomar la carretera que va a Tequisquiapan. Este camino tiene 7 kilómetros iniciales de subidas, bajadas y curvas que al regresar, se tienen que volver a recorrer. Después de este tramo, continúa un tramo más amigable de aproximadamente 28 kilómetros prácticamente planos con algunas muy pequeñas inclinaciones de terreno y una subida y bajada pequeñas al pasar por un poblado llamado Navajas.

Ese día El Nene y yo teníamos ganas de guerra, así que comenzamos con un ritmo fuerte y retador de uno contra el otro, y así íbamos pedaleando bastante fuerte. Sin embargo, El Nene percibió algo y me comentó:

– Oye, creo que traemos viento a favor (el aire soplando en el mismo sentido que nosotros, ayudándonos).

Yo como sentía cierta brisa de lado y asumiendo que el viento estaba de lado, lo reté y le dije:

– No hace viento a favor, tú dale, ¿o qué? ¿tienes miedo?

Como respuesta de él y como repito, que traíamos ganas de guerra, no se amilanó y que le vuelve a dar con nuevos brios a su bicicleta para imponer un paso más duro. A mi me gustó mucho su reacción porque así, me pegué a su rueda y seguimos pedaleando duro. Realmente traíamos un paso bastante fuerte.

Después de 26 kilómetros recorridos cuando llegamos a Galeras, otro poblado, él volvió a decir un tanto preocupado:

– Te digo que traemos viento a favor.

– Que no, no seas chillón.

Le contesté y continuamos pedaleando…

Nota: ¿Por qué se mostraba preocupado El Nene por el viento a favor que traíamos? Ah, porque cuando pasa eso en un entrenamiento largo y fuerte como el de ese día, cuando se llega a la mitad del recorrido y hay que retornar, se torna en viento en contra y por el cansancio acumulado en las piernas, se convierte en un pequeño (¿o gran?) infierno.

Después de otra mención del Nene de que traíamos viento a favor, y yo de minimizar las cosas por sentir el viento de lado, terminamos de recorrer los 35 kilómetros que nos marcaba el punto de retorno para nuestra bella Ciudad de Querétaro…

El infierno El regreso

…dimos la vuelta en el kilómetro 35 para comenzar el retorno y continuar con nuestro pesado entrenamiento, y ¿qué creen?

¡Que El Nene tenía razón!, jajajaja

– ¿Ya ves? Te dije que traíamos el viento a favor,  %$#$#”% no $#”$%$%.

– Perdón Nene, pero yo no sentía eso por el viento que estaba de lado.

– Te pasas, ¿y ahora cómo le hacemos?

Nota. De verdad, habíamos traído un viento a favor bastante “favorable”, porque al dar la vuelta y comenzar el retorno, el viento en contra estaba tan fuerte, que apenas podíamos avanzar haciendo mucho esfuerzo.

– Pues ya ni modo Nene, hay que darle, vamos a tener que hacer “la licuadora”, si quieres yo comienzo. Hay que darle, ¡vamos!

Otra nota. Se conoce como la licuadora a un ejercicio en el que se va turnando cada ciclista para ir al frente y “abrir el aire” para el o los que van atrás.

– Muy bien, ya qué, además para eso vinimos, para partirnos el queso.

Les digo que por eso me gustaba entrenar con El Nene, y eso que ese día no fue El Lechón con nosotros, porque ese cuate es entrón y medio.

Aprovechando que me acordé de El Lechón, quiero hacer una mención especial de los buenos cuates que tenía para entrenar ciclismo como El Kamikaze que aparte de aferrado y buen amigo (me acuerdo que una vez me regaló unos pedales que le sobraban cuando dañé los míos irremediablemente), tenía cierta costumbre de irse contra alguno de nosotros y provocar la caída de la bicicleta para ambos, jajaja, les juro que es verdad, por eso el apodo. O también El Choco quien me dejaba pedalear en su rodillo, Chucho Juárez quien aparte, es un excelente mecánico de bicicletas, El Tori, por supuesto Carlos Mendoza, Tere Mendoza, Gerardo (quién trabajaba en Bicicletas Mendoza y nos apoyó en las dos ocasiones que corrí un par de carreras de ciclismo para el equipo de Caja Libertad), El Bam Bam que se echó un cuadro de bicicleta usándolo nada más y que chocó contra un caballo, entre otros más (espero que no me falte alguno); también El Huevo y David Badillo de quienes algún día, haré un post pues eran ciclistas de gran clase que corrían La Ruta México, o sea, los mejores ciclistas de Querétaro.

Creo que ya me desvié un poco del tema, jajaja. Disculpen pero tuve un vistazo a gratos recuerdos de mi memoria y buenas friegas en la bicicleta.

Así que El Nene y yo, comenzamos lo que se convirtió en un pequeño Infierno. Ya estábamos cansados, caía un sol a plomo, ya habíamos sudado y gastado energía durante poco más de una hora; hacía un viento en contra bastante fuerte, y la mente nos hacía jugarretas sicológicas por querer abandonar todo. Sería tan fácil, bajarnos de la bicicleta y pedir ride a alguna camioneta que nos quisiera llevar.

Es este tipo de momentos, donde se forja el espíritu, donde todo depende de uno nada más, del esfuerzo que pueda uno aportar para lograr la meta, porque realmente se volvió un día bastante difícil para andar en bicicleta, tal parecía que por cada metro que avanzábamos, el viento nos hacía retroceder la mitad, de lo lento que íbamos avanzando y lo pesado que estaba el dar cada pedalazo.

Así continuamos avanzando por 9 kilómetros, sufriendo, más que disfrutando el entrenamiento y recorrido por toda la situación que comenté previamente. Al llegar a Galeras de regreso, hicimos una parada en la tiendita que está ahí a pie de carretera, apenas llevábamos poco menos de un tercio del recorrido de regreso y ya nos sentíamos muy cansados y desmotivados; me compré mi clásico jugo de botellita, mezclado con un agua mineral para refrescarme e hidratarme, descansamos unos 5 minutos y nos lanzamos nuevamente al infierno.

En este caso, hicimos lo que a veces se sugiere en este tipo de casos cuando uno tiene el vendaval encima; tomamos un pequeño descanso y volvimos a la carga con nuevos bríos, para tratar de lograr la meta.

Ya con ese pequeño descanso que tuvimos y el reabastecimiento de energías, fue un poco distinto el ataque a ese regreso en la bicicleta, porque realmente nos tomamos en serio el hacer “la licuadora” para lograr de mejor manera el cometido. Así, comenzamos el ataque a ese terrible monstruo que era el viento en contra. De hecho, estábamos avanzando tan metidos en nuestro papel que ya prácticamente no íbamos platicando, nada más haciendo los cambios para ir al frente “cortando el aire”.

Para cuando estábamos pasando por el entronque a La Griega, nos ayudó mucho la zona arbolada que está ahí, porque aminoró bastante el viento en contra; esto nos dio nueva motivación para continuar dándole duro a la pedaleada, pasando Saldarriaga, ya nada más nos restaba el último estirón en las curvas, subidas y bajadas de los últimos 9 kilómetros.

En dicho tramo, El Nene y yo retomamos la rivalidad que traíamos, pues imprimimos más esfuerzo, prácticamente compitiendo entre los dos por ver quién llegaba primero a la meta, es decir, donde terminan Los Arcos ya llegando a Querétaro. Atacamos con mucha fuerza la primera subida prolongada de casi un kilómetro, recuerdo que El Nene se me escapó por un par de metros adelante, pero al llegar a la cima para comenzar una pequeña bajada y curva, lo alcancé fácilmente porque yo pesaba más que él (obvio, no tanto como peso ahora, jajaja).

Después de esa bajada y curva, viene una pequeña subida, la atacamos al parejo; de inmediato, viene otra pequeña bajada y curva a la derecha para atacar la terrible subida del kilómetro 5, pues es un tanto engañosa y pesada, porque tiene un largo como de un kilómetro y da la impresión, comenzando a subirla, de que termina en una curva a la izquierda, pero al llegar, se da cuenta uno que dicha curva nada más prolonga la subida por otros 300 metros más y eso a veces desanima bastante. Sin embargo, El Nene y yo íbamos tan entrados en la guerra que estábamos protagonizando que la pasamos como si nada, concentrados en ganarle al otro, ja.

Terminando la subida del kilómetro 5, decidí ponerle sabor a la asunto por los restantes 5 kilómetros, “metí plato” (pasar la cadena al plato grande de la multiplicación, como se conoce a la pieza donde están montados los pedales) y comencé a bajar la cuesta de manera rápida, El Nene al oir y ver que hice el cambio, no dijo nada y también cambió y se me pegó a la rueda trasera.

Generalmente, el que va atrás aparte de verse beneficiado por el aire abierto por el que va al frente, también tiene una ventaja sicológica de tener a la vista el rival, no así para el que va al frente, que nada más tiene el oido para escuchar si viene atrás todavía el rival. Acepté el reto de que se me pegara a la rueda trasera y decidí dar el último esfuerzo por los restantes 3 kilómetros una vez terminando la bajada prolongada. Así, nos enfrascamos en el último estirón, es curioso como para este momento, ya ni siquiera nos acordábamos de que habíamos tenido viento en contra, ja, pero estábamos tan entretenidos en la rivalidad que ya aquello había quedado en el pasado.

Finalmente, terminamos al parejo llegando así a la meta, pusimos el paso en “soltura” (poner la multiplicación en el plato chico y en el sproc o mazorca en un disco antes del más grande), y después de despedirnos, cada quién tomó camino para su casa ya nada más aflojando las piernas, satisfechos de haber sobrepasado el temor al viento en contra y terminado incluso bastante fuerte al final.

Conclusiones

Así como nos pasó al Nene y a mi, muchas veces por situaciones fortuitas o por errores que cometemos, nos vamos a encontrar que tenemos el viento en contra. A veces, será una simple brisa, a veces será algo parecido a un huracán en el cual, hasta ganas de llorar nos den.

El chiste aquí, es que afrontemos el problema con entereza y fuerza no importando el tamaño de este. Mientras más pronto mejor, porque si nos tardamos mucho en ver por dónde comenzar, puede ser que se escape una oportunidad o que se convierta en algo peor el problema.

Espero les haya gustado esta pequeña anécdota ciclista. Saludos al Nene si puede leer esta historia, ¿te acuerdas de ese día?

Si la información de este post te ha sido de utilidad o quieres que agregue algo más, deja por favor un comentario, contestaré a la brevedad.

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6 Responses to Con el viento en contra

  1. Pingback: Articulo Indexado en la Blogosfera de Sysmaya

  2. Orlando, qué tal, estás hablando del equipo Queretlón….jajajaja un gusto encontrar algo de aquellos tiempos… un saludo y abrazo muy fuerte.

  3. Quiero decirles que con Orlando entrené en alguna parte de mi vida atletismo, me ponía una friega pero gracias a él mejoré tiempos y técnica. Hace un año comencé a dejar mi vida sedentaria e inicié a trotar, no es lo mismo los 3 mosqueteros que 20 años después, y me recordé sus técnicas de entrenamiento, y las apliqué, lo bueno y bien aprendido no se olvida.

  4. orlandoolguin says:

    Hola,

    Este Gerardo Montoya, es el Gerardo que menciono en este post. En este momento recordé, que una ocasion también íbamos entrenando él y yo ciclismo y a él, lo tumbó una camioneta que venía en nuestro sentido con el espejo lateral derecho.

    Como se hizo a un lado la camioneta al sentir el golpe y huir, a mi no me hizo daño, puesto que ni me tocó, yo iba al frente. Ese día, Gerardo sólo se llevó el golpe de la camioneta y una pequeña herida en la cara por la caida.

    Orlando.

  5. Cierto ya no recordaba que ibas ese día, creo que también iba David, ibamos a creo se llama Escolásticas, por donde está el panteón de Santa Bárbara.

  6. orlandoolguin says:

    Hola Gerardo,

    Nada más íbamos tú y yo ese día, el sol nos daba de frente y por eso el de la camioneta no se dio cuenta.

    Si es donde comentas, más adelante del panteón.

    Orlando.

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