El valor de un amigo

Ha pasado tiempo desde que sucedió esto que relataré. Yo estaba en casa solo, recuperándome de mi accidentazo que relato en Solo en México…. Ahora que estaba rememorando el punto en el que estaba hundido, donde con trabajos podía caminar y el simple hecho de levantarme de la cama me costaba muchísimo trabajo; recordé este “incidente” y no pude resistirme a escribir acerca de él. Espero lo disfruten.

Antecedentes

De acuerdo al post que comento en el párrafo inicial de éste, se darán cuenta que con un par de costillas rotas y después de haber tenido ambos hombros dislocados, la clavícula derecha zafada, y tener una pierna muy lastimada, gorda y negra del golpazo; me era muy difícil el poder hacer los movimientos más básicos que una persona sana puede hacer sin problema y sin siquiera pensar en ello. Adicional a esto, la nariz rota y cosida por una pequeña herida que se hizo.

Me la pasé recostado en la cama fácil como una semana completa. Había excepciones en las que me tenía que parar para ir al baño o para bajar a tomar agua.

Para que se den una idea del dolor que se puede llegar a sentir por este tipo de situaciones, el simple hecho de poner un dedo en mi pecho sin presionar, me hacía sentir un dolor muy fuerte. Apenas un par de días después de mi alta en el hospital, mi papá me llevó a instancia mía, a un balneario de agua termal para ver si me ayudaba en la recuperación. El simple hecho de estar dentro del agua, hacía que la presión de la misma sobre el cuerpo, me oprimiera el tórax generándome también mucho dolor. No aguanté mucho en esa ocasión a pesar que cuando vamos a nadar a una alberca, la presión del agua es mínima.

En esos días en la casa, me aguantaba mucho tiempo para ir al baño, por lo doloroso y tardado que me resultaba nada más pararme, ir propiamente al baño, para luego regresar y recostarme nuevamente. Les platico el procedimiento: De estar recostado boca arriba con las almohadas en mi espalda para estar medio sentado (era la única postura que toleraba), tenía que cruzar mi brazo izquierdo por encima de mi pecho poniendo la mano en la cama en mi lado derecho. Así, poco a poco, me iba girando para ponerme de lado con mucho dolor en mi tórax. Ya estando de lado, tenía que tomarme un par de minutos en los cuales, dejaba pasar el dolor.

Después de unos minutos, con la misma mano izquierda que tenía sobre la cama, comenzaba a empujarme levantándome poco a poco de la cama y haciendo contrapeso con mi pierna “buena”: la derecha. Al estar a una distancia suficiente de la cama, apoyaba la mano derecha en la cama para terminar de nivelarme y quedar sentado en la orilla de la cama. ¡Uff!, el primer esfuerzo estaba concluido; restaba la parte de levantarme de la cama. Esto era un poco más fácil de hacer, pero aún así con un costo de dolor por parte de la pierna izquierda. El resto, era caminar cojeando muy lentamente hasta llegar al baño.

El regreso era siguiendo los pasos que acabo de describir en sentido inverso y con su tiempo de por medio. En total, nada más para trasladarme al baño de ida y regreso, me tomaba unos 15 minutos; y eso que estaba ahi junto a la recámara.

Otras acciones simples me parecían toda una proeza o de plano ni las hacía. Esto porque al haber tenido dislocados los hombros, de tenerlos en posición vertical hacia abajo, los podía subir nada más unos 60 grados hacia el frente. Por ejemplo:

  • Cepillarme los dientes. No podía levantar el brazo y moverlo ritmicamente a los lados para realizar el cepillado. Me conformaba con medio limpiar la boca con enjuague bucal.
  • Bañarme. Más que bañarme, era remojarme, jajaja; porque nada más podía tallarme muy poco hasta donde alcanzaba a subir mi brazo.
  • Bajar las escaleras. Esto era toda una tortura y a paso de tortuga, porque tenía que ir escalón por escalón bajando primero la pierna “mala” para luego emparejar con la “buena”.
  • Ponerme una playera. Esto si que tenía todo un reto para mi. Aquí, lo que me funcionó fue hacerle como cuando se viste a un niño pequeño; primero meter la cabeza en la playera, para luego con mucho esfuerzo meter primero un brazo y luego el otro.

Fueron tiempos muy difíciles; creo que tuve la fortuna de tener la fuerza de voluntad suficiente para levantarme de ellos para ahora, correr y levantar pesas y poder luchar por mi sueño que ya he planteado en ¿Seguir o no seguir un sueño?. ¿No creen?

El valor de un amigo

Creo que esto ocurrió el primer fin de semana que estuve en la casa después de haber estado en el hospital. Seguía con mucho dolor y no podía salir de la casa. Tenía mucha hambre y mis familiares cercanos no estaban en la ciudad, por lo que no podía acudir a ellos. En su momento, no pensé en otros familiares, como que no se me vino a la mente. Como puse en el post que menciono al inicio de éste, tuve una seria lesión en el cerebro y bueno, en su momento, no vi más allá.

De inicio, me quise hacer el fuerte aguantándome, pero la verdad, sentía muy fuerte la sensación del hambre, por lo que no aguanté mucho. Me quedé pensando:

…¿Qué hago? ¿A quién le hablo? No puedo hablar a las pizzas porque ¿cómo salgo hasta el portón de la cerrada para traer la posible pizza que pudiera comprar?.

Después de meditar por unos minutos decidí comenzar a llamar a mis cuates por teléfono para plantearles la posibilidad de que me ayudaran comprando algo de comida para traerla a la casa. Comencé alfabéticamente por los primeros contactos, probé con un par de ellos y no contestaron. El siguiente fue Fernando Olivera, él si me contestó.

Le comenté mi situación, él ya estaba enterado de mi problema de salud por un mail que había enviado a todos informando del mismo. Le pregunté si estaba en la calle (mi idea era no molestar y sacar a nadie de su casa), para poderle encargar algo para comer. Él me respondió que estaba en su casa en una comida-fiesta con su familia (una carne asada). Le comenté que entonces mejor le marcaba a otro de los chavos, que no se preocupara; lo que menos quería, era interrumpirlo en su celebración.

Él me respondió,

– no te preocupes, yo me lanzo para allá en un momento;

todavía le quise argumentar

no Fer, le digo a alguien más, no te preocupes;

ya no me dejó comentar más, me dijo

¡que no!, ya en un rato estoy por allá;

le respondí entonces que estaba bien no sin antes agradecer su esfuerzo. La cosa se ponía más interesante porque vivimos en polos opuestos de la ciudad, de orilla a orilla.

Unos veinticinco a treinta minutos después, me llamó comentando que ya estaba cerca y que le confirmara bien la dirección. Lo hice y llegó 5 minutos después a la puerta de la casa. Tardé un poco en bajar por lo que comenté previamente en este post de mi dificultad para moverme.

Me trajo un plato con una buena dotación de carne asada, tortillas, cebollitas y creo que guacamole; no trajo limones y a mi me gusta ponerle limón a casi todo, pero no me iba a poner delicado y menos con tanta hambre. Aún así, me pareció la comida más deliciosa que he probado en toda mi vida; me la devoré por completo en unos minutos y mientras, él estuvo riéndose de buena gana de la voracidad con que me comí los alimentos. Creo que le causaba gracia la múltiple cantidad de veces en que dije la palabra Gracias.

Quienes me conocen de cerca, saben que soy un tanto alejado de la religión; pero sé que por ahí, hay algo con mucho valor que dice: Dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento. En este caso, esto que hizo el buen Fer Olivera por mi, no se me olvidará nunca en la vida; él me tendió la mano sin ningún interés y aún a costa de algo importante como su comida-celebración. Cuando alguien tiene este tipo de gestos conmigo, soy muy similar al Padrino (de la película), no se me olvida nunca.

Por n-ésima vez: ¡Muchas gracias Fer por haber acudido en mi ayuda!

Conclusiones

Como se podrán dar cuenta, el valor de un amigo es más allá de cosas banales como el dinero, panbol, gusto musical, y otras cosas. Pienso que un amigo es determinado por las acciones que hace por uno, para apoyarnos en algo, para responder ante la adversidad, e incluso, para regañarnos cuando estamos equivocando el camino. Este tipo de acciones debe ser recíproco, porque ¿para qué son los amigos?

Estoy plenamente seguro que si Fer no hubiera respondido el celular ese día, y hubiera seguido recorriendo los contactos del celular, me hubiera encontrado con más personas que hubieran hecho un gesto similar al de él. Con esto, no quiero hacer menos a otras personas que considero como mis amigos. Simplemente, no alcancé a llegar a su número celular para solicitarles ayuda. Además de esto, tengo otras anécdotas con otros amigos como los famosos Ernest, Pepe, Luis Felipe; por nombrar algunos. Pero la anécdota de éste post en especial, me gusta mucho, por todas las circunstancias que lo envuelven.

Espero les haya gustado este post-anécdota y que sepan valorar a un amigo. Un dicho popular dice: Un hermano tal vez puede llegar a ser un amigo, pero un amigo siempre será un hermano.

Si la información de este post te ha sido de utilidad o quieres que agregue algo más, deja por favor un comentario, contestaré a la brevedad.

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