¡Qué bueno que vine a correr!

El día de hoy, desperté por la mañana y realmente, sentía mucha flojera. No tenía ganas de salir a correr, pensé en los factores del día de hoy, un poco de frío, había llovido el día anterior, me iba a mojar, me tendría que parar cuando muchas personas están dormidas o a punto apenas de levantarse, me sentía cansado del día anterior, etcétera; en fin, tenía muchas cosas en contra como para ir a correr, así que decidí cobijarme más y acomodarme para dormir en el lapso de tiempo en el que normalmente corro.

Sin embargo, después de un par de minutos, me quedé pensando, mmm, estoy todavía pasado de peso, anoche si cené y no estoy “desquitando” ese alimento que ingerí, aparte, es rico salir a correr al bosque de chapultepec y ver a las ardillas jugar o atravezarse mientras corro. Así, pensé, mejor si voy a correr aunque nada más trote por lo “cansado” que ando de ayer.

De ésta forma, superé el dilema de muchas personas, en las que se debate la idea de quedarse acostado, o levantarse y hacer algo, ejercicio, un trabajo pendiente, etcétera. Me vestí, me puse mi short, mi playera y mis tenis para correr. Mientras estiraba me puse mis audífonos y puse mi música favorita en mi reproductor de mp3, al estar escuchando esa música que tanto me gusta, sentí cómo una emoción me iba embargando en el ser, una especie de enardecimiento, de pensar en ser mejor, de pensar en ir más lejos, de ir más rápido, de superarme a mi mismo.

Después de dicho calentamiento de músculos, salí y desde mi punto de inicio del entrenamiento, comencé a correr y al hacerlo, a pesar de sentirme cansado, me ayuda la inercia del entrenamiento que vengo haciendo ya hace algunos meses después de mi accidente; de tal forma, que conforme avanzan los minutos y los metros en mi entrenamiento, me doy cuenta que en el árbol donde siempre paso en un x tiempo, paso ahora unos 10 segundos antes, es decir, ¡voy más rápido que el día de ayer!, y eso que de alguna forma, “me siento cansado”.

Me doy cuenta que el viento generado por mi velocidad al correr, se siente padre en mi cara, volteo a mi alrededor y veo a otros “locos” que como yo, están despiertos a esta hora tan temprana y que también están corriendo, ¡no estoy solo!. Los árboles, la frescura de la mañana, el olor a tierra mojada, todo parece conjuntarse para generar un buen marco para correr. Aunado a esto, veo que por cada punto donde normalmente miro el reloj para ver mi avance, es superado por la velocidad que estoy desarrollando. ¡Qué emoción!, mi cuerpo responde de manera favorable al entrenamiento que traigo ya en las piernas.

Después de todos estos aspectos, me doy cuenta de que por la mañana, tomé la mejor decisión que pude haber tomado, pararme a correr. Al final del entrenamiento, corrí más distancia que la tradicional y ¡en menos tiempo!, me siento contento, quemé grasa, sudé, mi corazón se benefició, etcétera, etcétera y un largo etcétera.

¡Qué bueno que vine a correr!

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2 Responses to ¡Qué bueno que vine a correr!

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